domingo, 3 de mayo de 2015

Docentes emigran a otras latitudes: Fuga de cerebros afecta desarrollo académico

Un docente a tiempo completo con un salario de 8.000 bolívares, debe reunir durante 29 años la mitad de su sueldo para adquirir un carro modelo sedan usado del año 2010 valorado en 1.400.000 bolívares; mientras que comprar un apartamento en el centro de la ciudad, con un precio generoso de 4.000.000 bolívares y pagando un 30% de inicial (1.200.000 bolívares), le tomaría al profesional 58 años para lograr tener su vivienda propia.
Esta es realidad que enfrenta el educador en Venezuela, cuya profesión es una de las menos valoradas por el Estado venezolano en lo que remuneración se refiere.
El duro escollo de la crisis económica y las reducidas oportunidades de desarrollar el ejercicio son las causas que han generado el fenómeno de la migración.
Países como Ecuador tienen una seductora oferta de empleo para los especialistas nacionales.

El programa Prometeo es una incitativa educativa creada por el Gobierno ecuatoriano, como una medida agresiva de captar expertos de distintos países para potenciar proyectos de investigación científica y producir transferencia de conocimiento.
Otros países como Colombia, Costa Rica, Panamá, Perú y España también cuentan con ofertas laborales académicas.
Especialistas en la materia educativa, sostienen que este proceso de migración es una amenaza latente al desarrollo del país, debido que se forma un profesional con altos estándares de calidad que luego produce sus conocimientos en otras latitudes; incluso, las universidades se han visto gravemente afectadas, no sólo por la deserción de profesores, sino también por éxodo de jóvenes que se marchan al extranjero.
El coordinador del doctorado en Educación de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Tulio Ramírez, indicó que este proceso comenzó desde el año 2012.
Desde ese entonces, en su academia y en la Universidad Simón Bolívar (USB) se han registrado aproximadamente 600 renuncias.
Considera que cuando un profesor renuncia no es por motivo de viaje, sino para ocupar puestos laborales en los centros de investigación de otros países, con remuneraciones mucho más ajustadas a su capacidad de trabajo y labor profesional.
Estos aspectos, explica, suelen ser más convincentes por los problemas de inflación, desabastecimiento, desempleo e inseguridad en el país.
Luego de compartir impresiones con sus colegas que laboran en el Ecuador, Ramírez relató que un docente con una maestría percibe un ingreso mensual de 5.000 dólares, y que un alquiler de un apartamento de 120 metros cuadrados en Quito o Guayaquil, puede costar 500 dólares al mes; es decir, 10% de su salario.
Adicionó que en ese país un ciudadano puedo vivir dignamente con 1.500 dólares.
Por su parte, José Francisco Juárez, director de la escuela Educación de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), expresó que semanalmente su departamento firma hasta cuatro documentos de autenticación de credenciales para laborar en el extranjero, debido a que la academia es una de las pocas en el país donde el título universitario puede ser homologado en otros países.
Señala que este fenómeno se ha convertido en una crisis, no sólo por la migración, sino por el quiebre moral que produce la necesidad social de buscar espacios fuera del país para desarrollarse.
En el caso local, Nelly Velásquez, vicerrectora académica de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado (UCLA), señaló que entre los años 2012 y 2104 han desertado 70 docentes.

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